domingo, 4 de julio de 2010
Zaborav (VI)
jueves, 1 de julio de 2010
Zaborav (V)
Mirna notó un cambio en Haos. Llevaban más de una semana juntos en ese bosque y el chico aún no daba señales de querer seguir su camino. Era extraño, puesto que ella ya le había enseñado todo lo que necesitaba para sobrevivir y él notoriamente estaba mejor de salud, pero no se iba y lo que era más notorio era que esa capa de frialdad se había resquebrajado lentamente. Haos se sorprendía como un niño ante todo lo que lo rodeaba, experimentaba por primera vez el miedo, la ira, la tristeza y la felicidad… sí Haos reía y cuando lo hacía su sonrisa pareciese que iluminaba todo el lugar, pero cuando llegaba la noche, el insistía en ir al acantilado.
Una noche ella lo acompañó.
No le pidió permiso, no dijo ni una sola palabra, simplemente cuando él se levanto Mirna lo hizo también. Caminó unos pasos más atrás para no estorbarlo en sus meditaciones. Llegaron cerca de la orilla y dándole la espalda, él comenzó a cantar:
En algún lugar, en alguna noche lejana, los ángeles comienzan a volar
El cielo negro es su camino y las estrellas los guían lentamente
Ellos vuelan sobre ti, ellos vuelan sobre mí
En el cielo se les puede ver, dándonos vientos de esperanza
Las estrellas en medianoche iluminan el vuelo de los ángeles
Una o dos, todas ellas serán el regalo que ellos te darán
En algún lugar, en alguna noche lejana, los ángeles comienzan a volar
Van llegando a su destino, los ángeles llegan a ver al rey
Cuando terminó se dio vuelta y vio como Mirna estaba sentada en el suelo con lágrimas en los ojos...
- ¿Qué es esto? – dijo tomando una de ellas del rostro de la chica
- Una lágrima
- ¿Y para que sirve una lágrima?
- No sirven de mucho, solo para expresar un sentimiento – Contesto la chica apagadamente – A veces los humanos botamos lágrimas por dolor físico o emocional, otras veces, porque es tanta la belleza de algo que nos maravilla hasta que hacemos esto. Esto es llorar.
- ¿Y porqué llorabas? ¿Te ha dolido lo que canté? Lo canté para ti. Me la enseñó mi madre cuando era muy pequeño.
- No me ha dolido Haos, es solo que… ha sido tan hermoso que me he emocionado.
- Ah… creo que entiendo. Lo siento – Dijo el chico notoriamente preocupado – No quise que lloraras. No me gusta ver tu rostro así.
La ayudó a levantarse y la abrazó
- Creo que… creo que tengo pena, pero no estoy seguro. No quiero verte llorar otra vez
Ella sonrió con su rostro escondido en el pecho de el. Esas palabras eran dulce miel para sus oídos.
- Tú me cantaste esa canción y yo te doy mis lágrimas a cambio, en señal de agradecimiento
- No. No me gusta eso – Dijo frunciendo el ceño – verte llorar me da tristeza
Ella volvió a sonreír
- Tengo… algo adentro – Dijo soltándose del abrazo y tocándose el estómago
- Debe ser hambre – Contestó Mirna con una sonrisa
Volvieron al campamento. Mirna no sabía que esta sería quizás la primera y la última noche feliz junto a él.
lunes, 31 de mayo de 2010
Zaborav (IV)
Durante el resto del día Mirna no pronunció palabra. Se preocupó de recolectar frutos y cazar algunos animales pequeños. No le gustaba hacer eso, pero suponía que la carne ayudaría al “caído” (como ella lo llamaba en su mente) a recuperarse mejor. Cuando volvió, se sorprendió. El muchacho estaba de pie frente a un árbol. Tocaba las hojas con suavidad y aún con la espalda destruida a ella le pareció hermoso. Se obligó a alejar mil y un ideas y sueños que venían a su mente para depositar junto al fuego el cuerpo de dos liebres. Se mantuvo al margen, mientras el caminaba lentamente explorando su entorno. Mirna comenzó a cocinar un guiso y sin darse cuenta Haos estaba a su lado. Extendió la mano hacia ella sin decir palabra y ella sin preguntar, se la tomó.
Caminaron de la mano y en silencio por el bosque hasta llegar a un acantilado. La luna nueva permitía observar la inmensidad de la bóveda celeste. Bajo sus pies, solo era posible inferir que se encontraba el vacío negro.
- Observa el cielo – Dijo Haos – Me pregunto que tanto imaginas que hay allí arriba – Los ojos del muchacho observaban un punto fijo en el espacio y parecían mas apagados y tristes de lo normal. Apretó con fuerza la mano de la chica y luego de largos minutos suspiró.
Volvieron a lo que podríamos llamar "campamento" y comieron en silencio. Haos agradeció la comida y se quedó mirando el fuego. Siempre solía comer y dormirse de inmediato, pero estavez había algo diferente. Mirna no sabía que era, pero lo notaba.
- Estos árboles son hermosos - Dijo el chico
- Si... muchísimo. Son álamos
Y de esta forma tan inocente comenzaron a hablar. La chica le contó cosas simples de su vida y del lugar que los rodeaba. Le explicó de forma simplificada todo cuanto sabía sobre este mundo. Muchas cosas lo sorprendieron y a veces parecía que Haos estuviera perdido en sus propias ensoñaciones, pero oía en silencio y respetuosamente. Así estuvieron unas cuantas horas.
Esa noche Haos por primera vez, durmió cerca de ella.
Zaborav (III)
Haos no hablaba. Luego de ver a Mirna solo asentía con la cabeza. Ella hablaba en todo momento y ya comenzaba a marearlo, pero no se atrevía a decirle nada, más que mal lo estaba cuidando. Le había dado de beber y de comer. Haos nunca había sentido hambre, ni sed, por lo que estaba muy asustado con estas sensaciones humanas, incluso este miedo era nuevo para el. Todo le llamaba la atención, la luz, las partículas de polvo, los bichos, las aves, el viento, el sol, el dolor y ella.
De pronto oyó algo nuevo… el silencio. Mirna, que no tenía un pelo de tonta, notó el stress en la cara del muchacho, por lo que había dejado de hablar hacía rato, solo que él, ensimismado en las nuevas sensaciones que lo rodeaban, no se había percatado.
- Sé que estas cansado – Dijo ella con suavidad desde una distancia prudente – Pero necesito saber como te sientes y como llegaste hasta aquí. Sé lo que “eres” y por lo mismo me preocupa.
Haos levantó la mirada y ella sintió que se estremecía. Sus ojos negros calaban por completo su ser y se sintió vulnerable e insignificante ante la magnificencia de aquel ser.
- Agradezco tu atención – Dijo con una suave voz elegante – De cierta forma me sorprende el hecho de que lo descubrieras, aunque por otra parte es demasiado lógico saber que es lo que soy o mas bien lo que fui. Lamento no poder resolver todas tus dudas. Me cuesta un poco descifrar como me siento, puesto que muchas sensaciones jamás las había experimentado… supongo que paulatinamente me acostumbraré a esta nueva condición. Apreciaría que por unos días más te mantuvieras aquí y que si no es mucho para ti, puedas orientarme sobre donde me encuentro.
Habló de forma tan ceremoniosa que Mirna no se atrevió a decir palabra. Asintió en silencio y con el dolor de su alma despegó su mirada de la de él.